Muchas familias se plantean comprar un vigilabebés con cámara antes incluso de que nazca el bebé, y no siempre está claro en qué momento empieza a ser útil de verdad ni qué expectativas es razonable tener de él.
Un monitor de vídeo no sustituye la supervisión directa: es una herramienta para poder estar en otra habitación (la cocina, el salón, otra planta de la casa) con la tranquilidad de oír o ver si el bebé se despierta o llora, no un sistema de vigilancia que garantice que nunca puede pasar nada. Conviene tener esa expectativa clara desde el principio para no generar una falsa sensación de control total.
En cuanto al momento de empezar a usarlo, no hay una edad fija: algunas familias lo usan desde la primera noche en casa, sobre todo si el bebé duerme en una habitación distinta desde el principio; otras prefieren tener al bebé cerca las primeras semanas y empiezan a usar el monitor cuando pasa a su propia habitación, algo que suele ocurrir en algún momento entre los primeros meses y el primer año, según cada familia.
Para un uso tranquilo conviene revisar dos cosas antes de instalarlo: colocar la cámara fuera del alcance del bebé y de la cuna (nunca colgando cerca con cables sueltos), y decidir con conocimiento si prefieres un modelo sin WiFi, que no depende de tu red ni de una cuenta en la nube, frente a uno con app que permite ver la imagen desde el móvil en cualquier lugar de la casa o fuera de ella.
