El momento de empezar a usar una trona suele coincidir con el inicio de la alimentación complementaria, en torno a los 6 meses según la mayoría de fabricantes, pero la señal más fiable no es tanto la edad exacta como que el bebé se sostenga sentado con la espalda erguida, con apoyo si hace falta.
Antes de ese momento, algunas familias usan una hamaca reclinable o el propio regazo para las primeras tomas, y pasan a la trona cuando el bebé gana suficiente control de tronco como para sentarse cómodamente con el arnés puesto durante toda la comida sin resbalar hacia los lados.
La transición de la trona a comer en la mesa familiar suele hacerse de forma gradual, no de golpe: muchas tronas evolutivas permiten primero elevar la altura del asiento a la de la mesa manteniendo el arnés y la bandeja, y más adelante retirar la bandeja para que el niño coma directamente en la mesa mientras sigue usando la silla como asiento elevado. Esta transición progresiva suele generar menos resistencia que cambiar todo de golpe.
Durante todo este proceso, la seguridad del arnés sigue siendo importante mientras el niño esté aprendiendo a mantenerse sentado por su cuenta: conviene seguir usándolo hasta que se tenga la certeza de que no intentará levantarse o inclinarse de forma brusca durante la comida, algo que varía bastante de un niño a otro.
