Montar la habitación del bebé desde cero da la tentación de comprarlo todo de golpe, pero casi siempre compensa más empezar por lo que cubre la necesidad más inmediata y ampliar después según lo que realmente se use.
Un orden razonable para la mayoría de familias: primero, un lugar seguro donde duerma (cuna, moisés o minicuna) con un colchón firme y adecuado a las medidas exactas de esa cuna, sin huecos laterales. Segundo, control de temperatura y humedad de la habitación (un termómetro ambiental sencillo y, si el clima de la zona lo justifica, un humidificador) para mantener un entorno cómodo para dormir. Tercero, si el presupuesto lo permite, un vigilabebés para poder estar en otra parte de la casa sin preocupación. Por último, mobiliario de almacenaje (cómoda, cesto de ropa) que puede completarse con calma, incluso con muebles que ya tengas en casa reutilizados.
Un error habitual es sobrecargar la cuna con peluches, mantas sueltas o protectores acolchados de barrotes, elementos que las guías de prevención de muerte súbita del lactante recomiendan evitar en la cuna durante el sueño: la superficie debe quedar despejada, con el colchón firme como única base.
La iluminación también importa: una luz regulable de intensidad baja para las tomas nocturnas evita encender la luz principal y despertar del todo al bebé (y a quien le atiende) de madrugada.
